
Aunque,
a lo largo de la historia, el clima ha ido experimentando cambios, se
considera como cambio climático las variaciones que sufre por las
actividades humanas, que modifican la composición de la atmósfera.
CAUSA
Fundamentalmente,
es el aumento de temperatura de la tierra, debido a que, en la
atmósfera, se acumulan grandes cantidades de unos gases que retienen
el calor que desprende la tierra cuando le llegan los rayos solares,
por lo que, a su alrededor, va aumentando la temperatura y se va
recalentando. Este fenómeno es el llamado "efecto invernadero",
por su parecido a lo que ocurre al cubrir las plantas para
protegerlas del frío. El más abundante de aquellos gases es el
dióxido de carbono (CO2), que se desprende sobre todo al quemar
productos petrolíferos, gas, hulla y madera. Se ha comprobado que,
durante el siglo pasado, en Europa, la temperatura subió 0,6 grados,
la mayor parte en sus últimos 25 años, y se prevé que, en los
próximos 100, aumentará de 2,5 a 5 grados más y que el nivel de
los mares subirá de 9 a 88 cm por el deshielo del polo Norte. El
aumento de temperatura provoca una mayor frecuencia de olas de calor,
con sequías y desertización en unas zonas, lluvias torrenciales con
inundaciones en otras y tornados al calentarse el agua del mar lejos
de las costas.
INFLUENCIA
SOBRE LA SALUD
Según
un informa del grupo de expertos sobre el cambio climático, éste
aumentará los peligros para la salud humana, sobre todo en las
poblaciones más pobres de los países tropicales y subtropicales.
Las
olas de calor aumentan la mortalidad en la infancia y en las
personas mayores que sufren enfermedades cardiovasculares,
cerebrovasculares o respiratorias crónicas.
El
calor favorece el desarrollo de moscas, mosquitos, pulgas y
garrapatas, que transmiten enfermedades, como la malaria, la fiebre
botonosa, el dengue, la fiebre amarilla y encefalitis, las cuales,
por el aumento de la temperatura, se podrán extender a zonas donde
no eran habituales.
La
temperatura alta facilita la contaminación atmosférica y, al ser
los inviernos más templados, se adelantará la liberación de los
pólenes, aumentando las alergias y las enfermedades respiratorias.
Las
inundaciones favorecen la contaminación de aguas y alimentos,
facilitando la transmisión de enfermedades, entre ellas el cólera,
la diarrea, la fiebre tifoidea, la hepatitis A y la leptospirosis.
La
sequía ocasiona una falta de higiene, que también facilita la
propagación de diversas enfermedades y, además, al igual que las
inundaciones, afecta la producción de alimentos con la consiguiente
malnutrición.
Las
catástrofes naturales (tormentas, inundaciones, tornados...)
ocasionan pérdida de viviendas, hacinamiento y desplazamientos de
la población, lo que es motivo de trastornos psicológicos, como la
ansiedad y la depresión.