La obstrucción del conducto lagrimal se debe a una interrupción del drenaje de las lágrimas y es muy habitual en niños, a los que se les suele resolver espontáneamente. En adultos, suele causar lagrimeo constante, picor, molestia y producción de legaña espesa. Dependiendo de la afectación, se pueden realizar dilatación de los conductos obstruidos (dacrioplastia) o bien recurrir directamente a la cirugía. En el primer caso, se introduce, mediante anestesia general, un catéter con un balón en la punta que se dirigirá a la zona de obstrucción. La cirugía se denomina dacriocistorrinostomía y es la técnica más usada en estos casos. Consiste en establecer una comunicación entre la nariz y el saco lagrimal, para conseguir, de esta manera, una nueva dirección de las lágrimas, que drenarán hacia la nariz, permitiendo que salgan con normalidad. Esta técnica se lleva a cabo asistida por láser y el posoperatorio es menos complicado, ya que no requerirá anestesia general.
Ante un lagrimeo constante, es importante consultar con un oftalmólogo, dado que no existen medidas preventivas para evitar la obstrucción del conducto lagrimal.

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