
La
psoriasis es una enfermedad inflamatoria, no contagiosa y crónica de
la piel. que cursa presentando lesiones en forma de placas
descamativas sobre una base de color rojo brillante. Suele aparecer
en forma de brotes que se controlan con un tratamiento y seguimiento
adecuados.
CAUSAS.- Se
desconoce la causa, aunque parecen intervenir factores genéticos,
siendo más probable en familiares que la padecen. Existen diferentes
desencadenantes que favorecen la aparición de un brote o
empeoramiento del mismo en personas que ya la sufren. Los más
probables son:
-Alcohol
y tabaco, entre otros tóxicos.
-Estrés.
-Los
climas fríos y secos (mejora en verano).
-Rasguños,
golpes o cicatrices: es frecuente que aparezca una placa en esas
zonas.
-Algunos
medicamentos como, por ejemplo, los antiinflamatorios.
-Factores
hormonales: puede empeorar en la pubertad y la menopausia.
-Obesidad.
-La
presencia de una infección.
SÍNTOMAS.- La
psoriasis vulgar es la forma de presentación de casi el 90% de las
personas que padecen esta dolencia y se trata de placas bien
definidas con escamas en la superficie de un color nacarado, que se
suelen localizar sobre todo en codos, rodillas y cuero cabelludo,
aunque también pueden aparecer en tronco y extremidades. Estas
manchas se extienden y cubren áreas mayores en la piel, pudiendo
provocar algo de picor. La psoriasis siempre cursa en brotes
(intermitente) de forma crónica.
En
las personas inmunodeprimidas o con enfermedades autoinmunes, como la
artritis reumatoide, los síntomas de la psoriasis pueden ser muy
severos.
DIAGNÓSTICO.- Fundamentalmente
se diagnostica a través de la exploración, con la inspección
visual y la palpación de las placas presentes, así como por su
distribución en las diferentes zonas que afecta en el organismo.
Aunque
en muy pocas ocasiones, si existen dudas en el diagnóstico, se puede
realizar una biopsia cutánea.
TRATAMIENTO.- Es
importante saber que no es curativo, aunque sí ayuda a mejorar los
brotes y a reducirlos.
Se
suele iniciar con un tratamiento tópico (aplicado directamente sobre
la piel), en forma de cremas de corticoides o con queratolíticos
(consiguen disminuir la descamación) o con fármacos análogos de
vitamina D (disminuyen las células que se acumulan y forman las
placas).
A
veces, dependiendo de la extensión o localización, se debe realizar
un tratamiento vía oral o se puede recomendar la fototerapia, que es
muy eficaz y se basa en una exposición controlada por el dermatólogo
de luz ultravioleta (UVA o UVB), que consigue reducir la inflamación
y disminuir el número de brotes.